Homilía Rapera, Nach en México
Por Feli Dávalos
Fotos de Daniel Patlán
Este fin de semana, la Ciudad de México volvió a vivir una noche épica donde el ganador indiscutible fue el hip-hop (lo que suele suceder si el personaje de la saga es Nach). Los dos conciertos que dio este alicantino en el José Cuervo Salón fueron un éxito rotundo y no dejaron la mínima duda de que Nach es una referencia necesaria para el rap serio a nivel Hispanoamérica, el paradigma más acabado del working class hero para la estética del hip hop en español.
Desde el cuarto para las seis, Dj Spawn estaba en las uno y dos amenizando a la gente que comenzaba a abarrotar el lugar. Para sorpresa de muchos, el talento local subió al escenario puntualísimo a las seis de la tarde y vaya que no mentían cuando dijeron eso de “mini set” en el flyer. Ximbo y luego Skool 77, Nedman y por último Akil Ammar, cada uno demostró porque son dignos representantes del hip hop nacional. Lo mejor fue la recepción franca y emocionada por parte de un José Cuervo Salón coreando sus canciones y mostrando su apoyo cada vez más incondicional.
Hay que comprender que en cualquier concierto de rap, el promedio de edades oscila entre 11 y 20 años; y para esta jauría de adolescentes, en efecto, los cuatro emcís que hicieron las de teloneros, son referentes imprescindibles, personajes míticos que rozan el Olimpo Nacional del Rap (cuando menos en el 2010). Y vaya, se notó cuando subieron. En verdad que fue de lo más relevante de la velada. El pronóstico de más de uno que conoce los entresijos de la escena, era el típico: los van a bajar en corto. Pero no, fue todo lo contrario y cada uno fue más profesional que el anterior.
Poco antes de las 7 de la noche, comenzaba el primer acto internacional de la velada: Rapsusklei, alias el niño de la selva, con su entrega de ragga y rap serio, mezclando boom bap con reagge y una mínima dosis de beats descompuestos. Hubo un momento, más bien breve, en el que Rapsus perdió la atención del público que comenzó a pregonar: ¡Nacho! ¡Nacho! Pero Rapsus sabe moverse en el escenario y es ameno: un sano equilibrio entre harcor y payaso lo mantuvo incólume hasta el final de su show.
Sobre todo por lo de payaso. Con sus dread locks casi hasta las rodillas y una gorra verde que movía entre su índice y el pulgar con estilizadas maniobras, Rapsusklei recibió amor del público defeño, más por su pinta de campeón indiscutible de los gañanes y su ir y venir por el escenario, que por su repertorio afilado. Por eso a ratos lo que sucedía era más bien ese acostumbradísimo fenómeno de cuando somos auditorio para artistas extranjeros: querer quedar bien. Rapsus fue sólo un puente entre Akil Ammar y Nach y en todo caso, más de una canción suya fue coreada sentidamente, no sólo “Hip Hop Kresía”, el último sencillo.
Pasó un brevísimo intervalo y Dj Joaking, dj de Armablanca y quien acompaña a Nach en sus giras, ya estaba encima del escenario. El estruendo con el que se recibió a Nach me recordó inmediatamente su mítica presentación hace tres años en el Centro de Convenciones Tlatelolco, cuando al final del concierto, la presión cósmica fue tanta que tuvo que bajarse apresurado de un escenario a punto de ser vandalizado. Nada de eso sucedería en el José Cuervo Salón. Pero para los que repetimos la experiencia, sin duda hubo más de una reminiscencia.
Nach es un artista cuya relevancia consiste en ser una figura heroica, una autoridad moral, un auténtico padre amoroso que habla directo al corazón, para una generación que carece absolutamente de figuras paternas. En una época en la que todos nos vemos forzados a opinar, Nach es un artista que nos obliga al encuentro con nosotros mismos. Así que cada vez que toca ante un público como el defeño, se comprende que el momento, sea mágico.
Y básicamente fue eso, un encuentro entre profeta e iglesia, una gran homilía rapper con un nuevo evangelio para feligreses del asfalto. La gente coreó prácticamente todas las canciones. Cada estrofa y cada coro, ninguno pasó desapercibido.
Por supuesto, cuando sonaron canciones como “Sr. Libro y Sra. Calle”, “El camino del guerrero”, “Esclavos del destino”, “Héroes” o “Infama”, el lugar casi se viene abajo. Pero más explosivo fue cuando sonaron: “Ser o no ser”, “Palabras”, “Ángel”, “Anochece” y con la que cerró el concierto, sin duda su mejor canción a la fecha: “Efectos vocales”. El lugar se cayó y lo volvieron a construir para que pudiera volver a caerse.
También fue un flash back al concierto que dio hace tres años, cuando Nach hizo su ya canónico “ruidómetro” (o algo así es el nombre) que consiste en tomar el micrófono, colocarlo en forma horizontal y desde el suelo del escenario, comenzar a subirlo. A más rudio, más sube el micro. Ciertamente no fue ni remotamente como hace tres años, pero el José Cuervo Salón vibró como pocas veces en su breve historia como foro para actos hipsters; los cuales, por lo general, no proyectan ni la mitad de la energía que un artista como Nach.
Encima del escenario, Nach no dejó de agradecer a México. En verdad estaba conmovido. A sus 34 años, era claro que jamás pensó que iba a ser tan afortunado como para vivir algo así y es lo suficientemente humilde como para sorprenderse, dejarse llevar y no saber qué decir. Y pasó en más de un momento. Destaco cuando tocó “Ángel”, dedicada a su hermana fallecida: hasta se le salieron unas lágrimas.
Y bueno, para el estudioso del hip-hop el momento indiscutible de la noche perteneció al dj de Nach. Dj Joaking hizo un pequeño set en el cual demostró habilidades como “hombre de renacimiento del hip-hop”: primero como dj haciendo scratches y beat jogglin’, después como emcí haciendo rimas, luego soltando un beatbox bastante decente, luego como b-boy haciendo break y para rematar con una laca de aerosol encima del escenario, hizo como si rayara al público: cinco elementos de la cultura representados en cinco minutos por un ejército de un solo hombre. Fue divertido, sorpresivo, pedagógico y además demostró el espíritu de fiesta y sana competitividad que debe permear en la cultura.
Todo el concierto transcurrió en santa paz, armónicamente, sin contratiempos ni típicas querellas entre diferentes clanes y un largo etcétera que suele acompañar a los eventos raperos. Es sumamente extraño que un evento de hip-hop underground suceda a ras de suelo. Este fue el caso y todo salió de lujo.
Así que para un abultado Vive Cuervo Salón, las noches del sábado y el domingo, fueron una sentida ceremonia de religiosidad rapera en la que casi todas las palabras fueron coreadas y en la que no se dejó de escuchar el alarido de un público entregado durante las casi dos horas que estuvo encima del escenario este español, que se mostró a cada momento sencillo y respetuoso y una vez más, verdaderamente expandido en toda su gracia encima del escenario.